miércoles, 6 de junio de 2012

Por que haces esto, eh? ¿Por qué? Tú y tu dichosa manía de no dejarme ser feliz. Ni comes, ni dejas comer. Ni vives, ni dejas vivir. Has estado todo este tiempo haciéndome feliz. Decides dejar de hacerlo, lo acepto. ¿No te sirve que lo acepte? Es eso, te hace daño. No quieres ver como sigo adelante. ¿Hacerte daño? Pero si sé que ni siquiera te importa. Te da igual si soy feliz, si me hundo. Con o sin ti. Pero soy fuerte, ¿sabes? Puedo seguir adelante, no me hace falta otro corazón para respirar, con el mío me basta. Me sobra incluso. Menos el tuyo, el tuyo... ¿para qué? No voy a dejar que me rompas en mil pedazos. Inténtalo, lo harás en vano. Pierde tu tiempo, como yo hice contigo. Pero no me verás caer, jamás. Porque soy fuerte, me he convertido en alguien valiente. En parte, gracias a ti. Te darías las gracias por ello, pero te mereces mil bofetadas por otras cosas, y si no recibes unas, no dejaré que recibas otras. Pero es que ahora te miro, y solo queda asco. Tanto, que no merece la pena mirarte a la cara, y mucho menos acercarme a ti y dejar que mi mano te roce. Deja que te diga, que si, que he vuelto a ser feliz. Y que a pesar de desearte lo mejor, espero que lo consigas sin mi. Porque igual que no te mereces mi amor, yo no merezco aguantarte. Hasta siempre, ¿entiendes? Hasta siempre.

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