martes, 30 de agosto de 2011
Una noche de placer.
Una sonrrisa en la penunbra, una mano furtiva, un placer inesperado, un mordisco, un suspiro y un deseo infinito de seguir soñando haciendo el amor. Después, la noche. Una noche oscura. Una noche profunda. Una noche inmóvil. Y solida. Una noche suspendida. Una noche que parece que no transcurrir nunca. Ales inspira profundamente, esta sereno, tranquilo. Medio desnudo, tumbado boca abajo, con los brazos debajo de la almohada los hombros al aire, ligeramente envueltos en las sabanas, que recuerdan a una pequeña ola en una extensa playa, Duerme profundamente. Un palido rayo de luna traza el perfil de su reposo.
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